miércoles, 1 de junio de 2011




Desde el desdiseño de la guerra contra el narco, aderezado por las minutas incoherentes de los esmerados en su educación inútil, nos adviene un adejtivo de ínclitas aspiraciones: el consenso forzado sobre el único y último de los mundos posibles. En ello nos va la vida, los huevos fritos y el tocino, así que mejor que las yiyis en los yuyos forjen sus carnes de microsexualidad biopolítica.
Pero las cosas son un tanto mejores: los pilares geométricos del mundo continuan su larga marchan con largo aliento, sin desfallecer.

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