


Desde el desdiseño de la guerra contra el narco, aderezado por las minutas incoherentes de los esmerados en su educación inútil, nos adviene un adejtivo de ínclitas aspiraciones: el consenso forzado sobre el único y último de los mundos posibles. En ello nos va la vida, los huevos fritos y el tocino, así que mejor que las yiyis en los yuyos forjen sus carnes de microsexualidad biopolítica.
Pero las cosas son un tanto mejores: los pilares geométricos del mundo continuan su larga marchan con largo aliento, sin desfallecer.
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