martes, 2 de septiembre de 2008

El calumniante recitador de sí mismo


Todos son mensajes para mi mismo.
En alguna ocasión alguién me pregunto: ¿cual es el legado de la izquierda?. La respuesta es siempre alguna variente de nuestra hipocresía, algo así como: "una conciencia de la desigualdad social". Pero la izquierda marxista nunca quizo ser solo conciencia: quería, o aspiraba, a transformar el mundo porque sabía, desde la dialectica hegeliana invertida, o el leninismo o el trotskismo y al final desde los fondos dinerarios de la URSS, como se producia el cambio social.
Si algo sabemos al día de hoy es que ignoramos la naturaleza del cambio social, por tanto, no es dificl obtener una respuesta a la pregunta: la izquierda nos ha legado los textos de Marx, de Lenin, de Trostki, de Lukacs, y así sucesivamente. Nos ha legado una bibliografía, una interpretación constante del mundo que viola aquella máxima de "transformar el mundo" que Marx colocaba como una tesis sobre Feuerbach.
También nos ha legado un montón de escombros: las universidades mal administradas, los países semidestruidos, las conciencias alocadas. En suma, desde la sensatez, la izquierda fue una gran fiesta sangrienta macabra.
Pero yo no soy sensato, y recomendaría, a los otros y dificilmente a mi mismo, que continuen la fiesta: si de todos modos nos vamos a morir, muramos al menos desarrugando el aspero rsotro del mundo.