
Hay una novela de Dieter Eisfeld titulada "el genio", que trata de un gran invento realizado por el precoz Yan Zabor: una máquina que puede controlar el clima.
La novela parece muy simple, y la mención de una máquina así de portentosa indica, de manera arbitraria, que estámos ante una novela del género de la "ciencia ficción". Y efectivamente, lo estámos: es una magnifica novela de ciencia ficción que muestra la forma en que la ciencia se mezcla en los asuntos humanos; pero la novela tiene un pequeño desliz: parece una biografía en clave del viejo J. Robert Oppenheimer, verdadera encarnación de Vishnú.
Recordemos que Vishnú tiene tres formas, y que él las representa a todas: creador, preservador y destructor del universo. A su manera, el viejo Oppenheimer, alter ego de Zabor, es un creador, un preservador y un destructor.
Y de una manera muy peculiar, Oppenheimer es la personificación de los abusos que sobre los hombres se cometen en función de altos y bajos ideales: la despiadada busqueda del conocimiento se confunde con la despiadada lucha por el poder, y lo que prometia el paraíso en la tierra se vuelve su opuesto, un infierno indescriptible de terror.
Porque la creación de la bomba termonuclear trajo consigo el horror, el miedo de una destrucción masiva irreversible, y a la vez la posibilidad, siempre a la mano, siempre cercana, de utilizar esa potencia en forma abusiva contra los desprotegidos e indefensos seres que pueblan el mundo.
Pero aún esperamos una novelización de otra gran hazaña de la mente humana: una visión de la construcción de la economía mundo capitalista como el polo benefico del avance científico, como la cara que se muestra llena de esperanza a un mundo hambriento; la Europa del siglo XVI.
El invento de Zabor, una máquina que controla el clima, y la bomba de Oppenheimer, son elementos vistosos, controlables en sus potencialidades porque sus capacidades destructivas son demasiado evidentes. Pero una economía mundo capitalista, que destruye el alma y la llena de inquietud, es algo menos vistoso, más benefico para algunos e infinitamente ramificado en todas las vidas de los hombres: podemos pensar que las bombas termonucleares son locuras de científicos locos, porque en nuestra vida inmediata no están presentes, pero la economía mundo capitalista es nuestra vida, es el ambiente mismo en que vivimos, pensamos, amamos y morimos.
Fuera de Marx, que escribió esa gran especulación llamada "Das Kapital", hay sólo dos o tres que han intentado pensar en su conjunto la construcción de la economía mundo capitalista como resultado de la contingencia, la planeación y la oportunidad.