martes, 10 de agosto de 2010


Bombas de destrucción masiva. La posibilidad, en ese espacio de infinitas no numerables posibilidades, de que surja el miedo ante lo indescriptible. ¿Quieren los hombres numinosa existencia?, ¿añoran los pobres vampiros decimononicos?, ¿quieren los dragones que descubria la magia natural en los símbolos del mundo?.
En nuestra edad es más austera, y mucho mejor, la bomba termonuclear y sus aledaños: armas biológicas o químicas.
Gases nocivos, germenes de patogenicidad nunca vista: la carne se caera a pedazos, el vomito contendrá los intestinos cubiertos de hongos pestilentes, la piel será un tápiz de dolor, coloreado por erupciones interminables.

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