sábado, 22 de marzo de 2008

the god themselves


Algunas veces los criticos se conducen como lo sentenciaba G. H. Hardy respecto a los matemáticos que pretenden explicar las matemáticas(A mathematician´s apology): siendo incapaces de crear, se recrean explicando porque los que crean crean tan mal. Parece ser el caso de la crítica ante Isaac Asimov: dificilmente se encuentra el mismo nivel de atención y dedicación a su obra en "Science Fiction Studies" que el dedicado a Ursula Leguin o Philip K. Dick, al menós, no se le dedica un número especial.

Charles Elkins, por ejemplo, (sf studies#8 v3, marzo 1976) nos ilustra enseñandonos porque la trilogía de las fundaciónes es un desastre no sólo estilistico (como si Elkins fuera un creyente en el formalismo literario) sino desde el punto de vista del materialismo histórico. Domna Pastourmatzi (sf studies #79, v26 marzo 2000) nos relata una anecdota sobre la introducción de Asimov y Clarke en Grecia: el editor Odysseas Hatzopoulos hubo de sufrir el ridiculo y el escarnio de los criticos porgresistas que veian en estos autores un proamericanismo intolerable a la vista de los hechos ocurridos en Grecia. Hay, sin embargo, una interesante conversación son Asimov en sf studies#41, v14, marzo 1987.

A pesar de ello Asimov tiene su fuerza: su vocabulario no es pobre, es, en muchos casos, bastante técnico (The billiard ball), y las ideas que maneja son, al menós, aplicaciones imaginativas de principios cientificos. Algo que no se puede decir de muchos escritores (al menós de Zola si se podía decir que pensaba seriamente el evolucionismo), quienes debido a la ausencia de ciencia social influyente (o a su profunda ignorancia al respecto) tienen la manía de inventar sus propias explicaciónes y teorías sociales, o de recurrir a galimatías empobrecedores (pero redituables económicamente) cómo el psicoanálisis.

Asimov sostiene una crítica continua a la organización científica y a los científicos, desde su rechazo a la dirección puramente tecnocrática de "The End of eternity", hasta su particular interpretación del quid pro quo de los burocratas cientificos en "The god themselves".

Asimov cree que los mejor dotados para dirigir a la humanidad son los cientificos (como cualquier político cree que los mejor dotados para hacerlo son los más corruptos, mezquinos e ignorantes), pero no cree que la burocracia permita el desarrollo de la ciencia. Asi, frecuentemente, aquellos que se salen del orden, a pesar de estar en el orden, son los que permiten los cambios revolucionarios no tan invisibles que provoca la ciencia en la vida de todos los seres humanos ("The dead past").

En la novelistica de Asimov encontramos también una teoría de como evoluciona la ciencia, y

no parece que el buen Isaac piense que lo hace racionalmente: el progreso se da, pero impulsado por las particulares necesidades y necedades de los cientificos. Esto, para algúnos de nosotros, es mejor que las estampas matrimoniales de Sergio Pitol, o las diatribas estatalistas de Octavio Paz.

No hay comentarios: